12 jun. 2011

Influencias y conexiones/7

ANDREA ZITTEL

En gran medida la cuestión de la habitabilidad y la movilidad, que para mí tienden a ser un mismo problema, son lo que ocupa el trabajo de Andrea Zittel. La construcción de muebles mutantes, o portátiles (valga la redundancia), que sirvan para vivir en casas de otros, o en espacios temporales, me fascina. Todo espacio termina siendo temporal, ¿no? Los muebles de Zittel son parientes de la Merzbau de Schwitters, que también exporta su ADN a los muebles y carros de Leonello Zambón.
Vivir en un barco, en un autobús, poder llevar las pocas pertenencias a cualquier lado, instalarse un tiempo en cada lugar, y en cada lugar adaptarse a como se vive ahí (clima, comida, la gente), son como sueños, o guías, que siempre me han obsesionado. Creo que Zittel tiene obsesiones muy parecidas, y evidentemente, las resuelve a su manera.
El trabajo de la isla, al final del video, no me termina de convencer. Al ser una isla, propone un aislamiento, mientras que lo que me interesa más es cómo vivir con todo lo que uno necesita y al mismo tiempo poder salir hacia los demás, o darles cabida; una cuestión de equilibrio, supongo.

10 jun. 2011

Terapia. Comunicaciones internas/4

Fabi, Leo, Zina

Antes que nada me parece importante decir algo sobre el viaje que en un momento llamamos La Expedición: no funcionó. En general. Como obra de arte, como muestra o como curaduría. Pero sí funcionó en particular, por instantes, por detalles. Como un poema épico que no termina de convencer como tal, aunque sí guarda momentos líricos que se pueden rescatar y dejar como poemas sueltos.
Esto me ha costado bastante de admitir. No porque tuviera problema alguno para decir que así fue, sino porque no sabía cómo decirlo, o más bien, todavía creo que no tengo la lista completa de los poemas que podemos rescatar de la quema.
Por un lado, voy viendo algo que me negaba a ver, que me parecía que no debía ser así: y es que si no estoy yo involucrado, si mi energía no es la que empuja este proyecto, lo que hará es dispersarse, cada uno para su lado, a su vida, a su arte, su historia. Yo no quería que esto fuera "mío". Esa propiedad. No me interesa ser propietario de nada, ni firmar nada. Pero he visto que desde muchos lados, la referencia soy yo. Y siento que se me pide que sea yo el que proponga y los demás se añadirán como quieran o puedan. En el caso de ustedes tres, la cosa pasa por un lado más personal e intenso, pero incluso esa intensidad no cambia lo que estoy diciendo.
He estado bloqueado por esto desde que el viaje terminó. No he podido escribir nada al respecto, y me ha costado mucho inventar nuevos caminos a seguir, incluso como ustedes han podido ver, me ha costado hablar de lo que ya hicimos. Hablando con Zina por teléfono, me dijo que toda obra grande requiere una "purga" (es su palabra) posterior. No sé por qué no se me ocurrió pensarlo así; en el teatro siempre me pasaba algo similar: después de un estreno era incapaz de pensar en la siguiente obra. Pero hay que pensar. Hay que ponerse en marcha de nuevo.
Hemos hablado de armar una "Agencia de Expediciones Instantáneas". Creo que eso debemos hacerlo cuanto antes, sin esperar a que nos caiga dinero de alguna institución. Si no lo hacemos pronto, la idea (como suele ocurrir con las ideas) y la energía que lleva dentro, se pudrirán. Llegará un momento en que esa idea nos parecerá antigua, ya superada y, haya ese dinero o no, las ganas de llevarla a cabo habrán desaparecido.
Para pedir dinero a las instituciones, debemos pensar en otro viaje, producir otra idea peregrina. Tenemos el entusiasmo y la ayuda de muchos artistas del Sur, la gente que se aplicó al Toldo: de Neuquén, de General Roca, de Bariloche y de Chubut. También está esa posibilidad de ir a Ingeniero White. Si ponemos la energía a corto plazo en la "Agencia", y la energía a largo plazo en los viajes a esos otros lugares, algo potente puede surgir de nuevo.
Pero siempre salta una pregunta: ¿para qué? Fabi ha dicho que la habilitación, esa idea que ha guiado la Expedición desde sus inicios, no le interesa si sólo es abrir espacios para que otros muestren, para que los demás hagan lo suyo y punto. Me algo parece inevitable—por esa forma de la estupidez que llamamos ego o artista o militante— pero que puede cobrar otras dimensiones, las que nos han interesado desde que pusimos en marcha esta Expedición: la de abrir una vía de colaboración con otros es la principal.
Esa vía, nada fácil de seguir porque siempre se borra, como un rastro en la arena, implica una fe en la conversación y en el trabajo con otros artistas, o con quien quiera implicarse, sea o no artista. Y me parece que una de las razones por la que esto no terminó de funcionar en el primer viaje, es porque no nos dimos tiempo para generar el tipo de confianza que hace falta para trabajar con otro.
Nosotros nos conocemos. O al menos yo soy el vínculo: a través de mi fuerte amistad con Leo; el respeto y el cariño, artístico y personal, que siento por Zina; a través de la intensa relación que hemos tenido Fabi y yo desde que nos conocemos. Los tres son personas a las que admiro y quiero. Nosotros podemos trabajar juntos, o al menos yo puedo trabajar con cada uno de ustedes. Siento eso como una puerta que está siempre abierta.
Con otros es mucho más difícil. Siempre he trabajado con otros artistas, haciendo algo desde cero o abriendo una nueva vía para una obra existente, en una suerte de parasitaje mutuo. Abrir esa puerta requiere otra clase de tiempos y de atención. El contacto, la relación, pueden ser momentáneos, pasajeros, o pueden durar meses y hasta años. Eso es algo que no se puede saber de antemano. Hay que probar, hay que intentarlo, experimentar. Hay que poner en práctica la habilitación antes que teorizarla. La base de toda habilitación está en ese intento. Si luego sale bien o no, ya es otro asunto. Un día oí al director teatral, Helder Costa, decir: "No se trata de hacer las cosas bien o mal, se trata de hacerlas." No sé por qué siempre me olvido de esto.