16 mar 2011

Habilitación/1

De unos meses a esta parte, venimos hablando con Fabiana de una manera de hacer arte que no nos atrae por una cuestión de novedad, sino de necesidad: la habilitación, el artista como habilitador. El artista como alguien que no necesariamente produce una obra física, sino que abre un espacio y un tiempo para que otros puedan hacerlo.

Tiene que ver con lo que Bourriaud llama "estética relacional", sólo que la relación no es con el público, ni entre el público y la obra, sino con artistas, entre artistas, que luego pueden producir el tipo de interacción con el público que más les convenga. También tiene algo de "posproducción", porque a menudo la habilitación parte de una obra ya existente y consiste en darle otro uso, como está ocurriendo, en la Expedición, con las bicis de Leo.

Se puede decir que la habilitación es un tipo de arte asociativo. Una forma que incluye a otros, que los pone en una situación de crear juntos. Eso se ve también en el toldo que estamos armando. Lo ideal, me parece, es que la asociación se convierta en manada, en una ocupación del espacio durante un cierto tiempo. ¿Y no es el espacio lo que más falta hace ocupar de otra manera?

Esto de la habilitación presenta problemas de autoría sólo si se la entiende de la manera ya tradicional, capitalista. La obra habilitacional no puede ser firmada por uno solo, sería derrotarla. Yo, como habilitador de la Expedición, no puedo decir que es una obra mía. Sin Leo y sin Fabiana, que están ahí desde el principio de la idea, este viaje no lo sería. Pero tampoco lo será si no están los otros. No me pongo a decir nombres porque no quiero olvidarme de nadie, pero sí que hay mucha gente involucrada en este proyecto. Gente que produce obra, que soluciona problemas logísticos, que se ocupa de la documentación, gente que pone los espacios donde se harán las muestras de los resultados de la Expedición. Sin todas esas personas, sin su trabajo, sus ideas, su saber hacer, ¿qué sería de esta obra? No existiría, o sería de otra manera.

El habilitador no esconde su ego, lo disuelve en la manada creadora, creativa, de la obra. El ego se pone en red, en movimiento por esa red, para que la subjetividad del habilitador se distribuya por la red como una energía, un combustible que alimente las conexiones y comunicaciones que hacen posible la obra.

Es el sujeto quien firma una obra. ¿Cómo puede hacerlo una subjetividad distribuida, en red? Y no se trata de ponerle nombre al grupo, porque tampoco se trata de un grupo; no tiene esa cohesión. Pasar de una persona física a otra jurídica no es más que una trampa que permite mantener la subjetividad intacta.

El habilitador se convierte en una multiplicidad en su contacto con los demás. Esa multiplicidad, gracias a la actividad de todos, se multiplica. Y es esta multiplicidad multiplicada la que interesa, la que cobra importancia, la que debe firmar la obra.

1 comentario:

  1. el habilitador me engancha
    puede ser manada
    habilita irradia contagia mueve acciona
    es del tipo-caracter que da que marcha pal frenchi

    esos asuntos cautivantes nominales que no simplifican sino expanden

    tbien me gusta la palabra aproximacion
    anoche salimos a la calle a decir algo de eso

    ejemplo... la calle es nuestra
    salud

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